viernes, abril 06, 2007

19 relatos para una noche tormentosa: Lovecraft

Gracias a Ciudad Seva y Letras Perdidas, almacenes de relatos clásicos, he compuesto enlaces a relatos de fantasía y terror de varios autores que albergan. La primera entrega, no podía ser de otra forma, es para H.P. Lovecraftl, padre de mi amado Cthulhu.

Para quien aun no haya leído nada de H.P. Lovecraft, el pope del horror contemporáneo, aquí va una pequeña lista con lo más granado de su repertorio. Y para los que ya lo conozcan, una buena forma de recordarlos.

El Color Surgido del Espacio
"Algo" cae en los campos de una granja con dramáticos resultados a lo largo del tiempo. Uno de sus relatos más laureados, hay alguna adaptación antigua al cine. El concepto se ha vuelto a usar varias veces.

La génesis del horror por excelencia de la mitología de Lovecraft: ¡Cthulhu! Extraños sueños, una isla en el Pacífico, ángulos imposibles.

La música de Erich Zann
Un viejo violinista mudo que vive en ninguna parte y cuya música mantiene a raya el horror.

La nave blanca
Del ciclo dedicado a las Tierras del Sueño, quizás un día puedas avistar la Nave Blanca y también te lleve en un viaje fantástico. ¿La versión de Lovecraft de Días de Ocio en el Páis del Yann, de Dunsany?
Otro de las Tierras del Sueño. La defensa de una fortaleza y la maldad de una estrella.

Clásico entre los clásicos. Un pueblo costero con habitantes de extrañas costumbres. Y no digo más. Imprescindible.

Aire Frío
La visión de Lovecraft del clásico de Poe dedicado al Sr. Valdemar. ¿Por qué tanto frío, vecino?
Desplazamientos de personalidad, ¿o no? Quizás no tan impactante como "La Sombra Fuera del Tiempo", pero recomendable.

Antiguos linajes, catacumbas, leyendas... y ratas.

Arthur Jermyn
Lo que tu abuelo hizo en la selva y no se atrevió a contarte.

La Ciudad sin Nombre
El origen de Irem, la Ciudad de los Pilares, perdida en el desierto
Dagon
Naufragio y vagabundeo por una isla pantanosa, un chapuzón a medianoche.

La decisión de Randolph Carter
Inicio de la que sería luego la saga del personaje del mismo nombre y que lo llevaría a las Tierra del Sueño, En Busca de la Ciudad del Sol Poniente...

¿Quién sino Nyarlathotep, el Mensajero de los Dioses Otros?

Hay quien, en lugar de celebrar Semana Santa, tiene otras tradiciones. Más antiguas.
Breve historia del Necronomicón
El libro apócrifo más famoso de todos los tiempos, al descubierto. Klaatu berata nikto!

Quizás no fue buena idea quedarse atrapado en la cripta con el cadáver con el que trasteaste...

Veo, veo, ¿qué ves?

La peculiar geografía de los perdidos parajes de Nueva Inglaterra.

¡Que ustedes los disfruten en una noche tormentosa sin luna!

Las Arenas del Tiempo

He de confesar que siempre me han fascinado las mercancías robadas al tiempo: gruesas ánforas que un día vertieran generosamente torrentes de vino en las alegres noches de Creta, ornamentos procedentes de las más lujosas villas de Tebas y otros vestigios del pasado, incluso de civilizaciones que hoy solo son rumor.

Las arenas del tiempo tenían en mi un obstinado excavador. Con frecuencia, mis viajes me habían llevado de un extremo al otro del mundo en busca de algo que hubiera escapado a esa inevitable extinción que nos aguarda a todos los seres y las cosas materiales y que yaciese oculto y temeroso a ser tragado por los abismos de la no existencia. Pues nada hay peor que esta condena.

Hábiame yo dirigido, a instancias de cierto amigo mío cuyo nombre no mencionaré aquí para evitar que caiga la vergüenza sobre él, hasta la tienda -si es que así podía llamarse a aquel cuartucho de inframundo- propiedad de un tal E. M. Berkeley, quién según mi amigo era toda una leyenda en el comercio de objetos antiguos.

El lugar donde Berkeley tenía su “tienda” era uno de los suburbios más inmundos que pueda imaginarse. Pozo nauseabundo, gigantesco vertedero donde las más profundas miserias humanas han sido arrojadas para olvidarse de ellas. Callejuelas infestadas de pobres diablos de estirpe desgraciada, adictos al opio, rostros que marcaban a su poseedor con la palabra canalla, criaturas cuyo último aliento bien podía tardar en llegar un día o un año, tanto daba, nadie iba a echarlos de menos.

Tras un par de horas de vagabundeo, y dado que las señas que mi amigo me había proporcionado no parecían ser correctas, comencé incluso a dudar si el laberinto de calles que recorría pertenecía a este mundo. Tuve que proporcionar unas monedas a un golfillo que tomé como guía cuando, tras largo deambular, me confesé perdido.

jueves, abril 05, 2007

La Noche de las Tres Lunas

Caes y caes en medio de la negrura... Tras lo que parece una eternidad, das con tus huesos en un arbusto. ¡Ouch! Frotándote la espalda dolorido, te incorporas. Apenas distingues nada ya que es de noche, a tu alrededor sólo se ven árboles. Un tenue resplandor blanco y rojizo atraviesa sus frondosas copas. El viento trae un suave olor a almizcle. Lejos, un fuego crepita en la oscuridad. Caminas hacia él por un estrecho sendero, casi a tientas, aproximándote con cautela.

En un claro distingues tres figuras sentadas alrededor del fuego, vestidas con túnicas. Cuando fijas mejor tu mirada, sientes como algo te atenaza la garganta, al tiempo que una de las figuras hace un gesto con la mano derecha-¡oscura y huesuda! Una fuerza invisible te eleva violentamente en el aire y te atrae hasta el centro del claro, dejándote suspendido sobre la pequeña hoguera. Las siluetas se ponen rápidamente en pie y súbitamente el aire se carga del acre olor del ozono... ¡característico de la magia!

Una de las formas que acaban de incorporarse corresponde a una mujer de largos cabellos rubios, vestida con una túnica blanca. La otra pertenece a un hombre de cabeza rasurada, barba cerrada y vestiduras carmesí. Sus oscuros ojos te examinan con firmeza, mientras en su mano comienza a formarse un resplandor de energía. Y la tercera... pero la presión en tu garganta es casi insoportable... te falta el aire...

-¡Bájalo, elfo oscuro! ¡Llama a tu sirviente!-clama la mujer.

La tercera silueta te observa entre sonriente y maliciosa, con la perversidad característica de los de su raza. Finalmente, estalla en malsanas carcajadas y, con otro gesto de su mano, desaparece la presión sobre tu cuello. Caes, girando en el aire como puedes para evitar aterrizar en la hoguera, boqueando como un pez. Toses hasta que el aire regresa por fin a tus pulmones.

-Vigila tu tono, Shaela. Sólo mi shalafi me da ordenes- responde con voz áspera el elfo, envuelto en una túnica negra. A su lado parece ondular un pequeño torbellino de aire.

-¿Quién eres? ¿Vienes a realizar la Prueba? Por tu aspecto, no lo diría... y esconderse entre las sombras no es la mejor forma de hacer amigos, ¿no crees?-la mujer vestida de blanco ignora el comentario y se dirige a ti con voz suave.

-Las aguas no se han calmado aún. Seamos prudentes. No ha pasado tanto tiemp desde que la Guerra acabó... y este bosque no es de los que se encuentra por casualidad, ni sus defensas son las mismas que antes... –tercia con voz firme y segura el hombre de la barba. El resplandor continúa brillando en su mano derecha.

-Especialmente en una noche como esta. ¡Pronto aparecerá la Luna Negra en el cielo!- un brillo recorre los ojos del elfo oscuro. Levantas la vista al cielo y te sorprendes al descubrir no una, ¡sino dos lunas, una de ellas de color rojizo!

-No pareces un vagabundo extraviado–el hombre de la barba te mira fijamente mientras habla-. La única forma de entrar en este bosque es siendo invitado a ello por los responsables de las tres Ordenes de la Alta Hechicería. ¿Cómo llegaste aquí?

lunes, abril 02, 2007

A reírse con Cthulhu (I) - Primigenios en su tiempo libre

Seguro que cuando H.P. Lovecraft pergeñaba su cosecha de horrores cósmicos, no imaginaba que décadas después más de uno se los iba a tomar a guasa. El horrible Cthulhu y sus compañeros La Cabra de los Bosques con Mil Retoños, el Caos Reptante, el Sultán loco y sus flautas blasfemas son objeto de cachondeo en tiras cómicas nacidas del amor por el horror de los relatos lovecraftianos. Muchas, sólo aptas (o sea, graciosas) para adeptos de la mitología cthulhuoidea. Es el caso de una de las webs más veteranas, The Vault of Doom. Aqui van varias tiras. Iä! Iä!

"Yo, Erich Zann, permanezco sólo frente al vacío sin fin. Único muro entre la humanidad y los horrores innombrables que yacen más allá" "Oh, aquí vienen, puedo ver. Debo... tocar! Oh! Mi pobre música parece mantenerlos alejados! ¡Qué dolorosa carga"


"¡Jodido Shudee Mell!"

"Acabamos de desenterrar esta extraña estatua rota" "¡Ahá! Siempre he sido un maestro de los puzzles. ¡Ahora tráeme algo de pegamento y observa cómo trabajo!" "Mira que bonito dios acuático" (Sirena, 50 A.C)


"Uh.. hola, Abhoth"





"iZann. Música del más allá"






Si no entiendes los chistes, es que no conoces al maestro de Providence. Así que acércate a tu libreria más cercana y pregunta con alegría por el Necronomicón. El autor es un tal Abdul Al Ahzred. Pero antes, cuida de que no haya algún tipo con ojos de besugo cerca... PD: Por cierto, el mes pasado se cumplieron 70 años de la muerte de Lovecraft. Aquí puedes saber más sobre el padre del horror del siglo XX.

miércoles, marzo 28, 2007

El Cine de la Ser y sus pifias con los 4 Fantásticos

Estamos acostumbrados a las pifias de los grandes medios de comunicación respecto al mundo del cómic. Como muestra, ese compendio de gazapos que publicó El Mundo sobre superhéroes fallecidos. Los que se han lucido ahora, de forma doblemente llamativa, son los de El Cine de la SER.

En su programa de este sábado 24 de marzo, presentan como recomendación de la semana “Los 4 Fantásticos”. El locutor repasa su alineación, empezando por “La Masa”. A ver. La Masa es ese tipo verde perseguido por todos, irracional e incontrolable. Seguramente quería usted decir “La Cosa”, ese montón de rocas naranjas con un corazón de oro debajo.

No para ahí el güey: a la hora de describir al villano de la función, lo denomina “El Hombre de Acero”. Vamos a ver. Cierto que el villano tiene piel metálica en la película (que no en los cómics), pero en ningún momento se le llama por ese nombre, sino como Victor Von Doom (Doctor Doom o Doctor Muerte en los cómics).

El Hombre de Acero es el sobrenombre más común que se le da a Superman. Que ni tiene la piel metálica, ni es un villano, ni se ha encontrado jamás a los 4F. Es más, es de otra editorial distinta a la que publica al supergrupo del 4.

Todo esto parece demostrar que este señor, además de recomendar una película malísima, ni siquiera la ha visto. Lo de la Masa (o Hulk) no tiene excusa, aunque uno no lea cómics: se hizo una película, una serie de TV, otra de dibujos y es un personaje que ya forma parte del imaginario colectivo. El resto, en fin... imaginación desbordante o "no-me-acuerdo-cómo-se-llamaba-el-malo".

Para más coña, abrían el programa con un reportaje especial sobre 300, la película esta de los espartanos y los persas que se basa en la novela gráfica (o sea, género cómic) de Frank Miller.

Venga, ánimo, ver si decimos otro día que El Señor de los Anillos lo escribió García Márquez y que Frodo es un travesti de las pelis de Almodóvar.

Los medios, cuando se trata de cómic, rol, fantasía, etc, etc, no dan una. Lo que contrasta con el rigor que se le aplica a la información del resto de campos. Curiosamente, las meteduras de pata son la norma, y no por detalles oscuros, sino por cuestiones básicas como nombres y autores. Igual hay que consultar alguna fuente especializada, aunque sea en Internet. Sugiero.

Seguiremos informando.

lunes, marzo 26, 2007

Elric de Melnibone vs Geralt de Rivia: el combate de los Lobos Blancos.

Elric contuvo por un momento su aullante Portadora de Tormentas. El príncipe albino, heredero de un imperio en ruinas, se apartó los largos cabellos de la cara y observó a su rival. El hombre vestía un gabán gastado de cuero y, al igual que él, tenía la melena alba.

Descubrió que los ojos del desconocido eran a tan inquietantes como los suyos propios. El melniboneano entendió de pronto, al atisbar a aquellas pupilas gatunas, siquiera una rendija, por qué la gente evitaba cruzarse con su mirada carmesí. También portaba una espada: era de silbante plata pura.

Lo había visto sumergido en la lucha, y sabía que ingería preciosos elixires antes de la batalla; probablemente manufacturados a partir de los más extraños ingredientes. Las gentes del pueblo rumoreaban que era un brujo, un cazador de monstruos, que ayudaba su potencia guerrera con explosivos efectos. Nada de particular: él era el último de un linaje de emperadores brujos, y estaba más que familiarizado con el arte de los demonios, aunque le disgustaba usarlo más allá de lo imprescindible. Acababa con sus fuerzas.

Y, curiosamente, ambos compartían apodo: el Lobo Blanco.

En la breve conversación que habían mantenido, supo que eran iguales a pesar de que provenían de mundos distintos. Eran seres solitarios, despreciados por todos a causa de su aspecto y su particular estigma. Mostraban una seguridad implacable, pero su interior no era más que un frágil cascaron repleto de dudas. Sí, quizás hoy Elric vestía más como un príncipe que como un pordiosero, pero sus viajes lo habían llevado muchas veces, como a su rival, a descuidar su aspecto y vestuario, a veces por el mordisco de la necesidad, a veces por efecto del camino gris que parecía extenderse ante ambos.

Sí, los dos rumiaban trágicamente su destino; de alguna manera les llegaban desde lejos los acordes de una melodía de involuntaria devastación que acabaría consumiéndolos cuando su viaje hacia la Nada se completase. Ambos eran peones privilegiados por Fuerzas superiores, manipulados para que jugasen un papel determinante en los acontecimientos, tironeados de un lado y de otro para que se amoldasen a una batalla que ni siquiera comprendían.

¿Habría él perdido a un antiguo amor, como su Cymoril? ¿Quizás era prisionero de sus sentimientos? ¿Sabría cabalgar a lomos de un dragón, susurrándole al oído las Antiguas Canciones? ¿Conocería los infinitos planos del Multiverso?

¿O no eran los dos más que reflejos de una misma imagen?

-¿Cómo te llamas, extraño?- preguntó Elric con cautela, esforzado en aplacar el ansia de almas del filo aullante Portadora de Tormentas.

Examinándolo tan atentamente como el propio Elric lo había hecho, su rival se movió ligeramente hacia un lado y pronunció con voz desagradable.


-Me llamo Geralt de Rivia. Soy brujo.

EN DEFENSA DE LA FANTASÍA SUCIA (QUE NO OSCURA)


¿Se puede hacer fantasía sin elfos, enanos, dragones de leyenda que acumulan tesoros o bolas de fuego?

¿Existen mundos donde los protagonistas no se guían (tanto) por la noción de Bien y Mal, el sexo y la violencia son cruentos, las monedas tintinean sucias, la espada refulge escarlata sin sombra de justicia, la desesperación es real, el final es fatal?

¡SI!

Robert E.Howard, Clark Ashton Smith, Moorcock, Fritz Leiber...



Ashton Smith es un fatalista a la Lovecraft, pero embargado de fantasía lejana y mórbida, creador de mundos donde el héroe apenas si tiene esperanza para sí mismo, como para dársela a otros.

Averoigne de bosques y vampiros, entrañas de la tierra y del tiempo, hechiceros que se consumen por errores y horrores invisibles, abades putrefactos, largas travesías por el desierto que caen a la necrópolis.

Howard, más allá de un Conan donde los tesoros se van en putas, vino y una cota de malla nueva, inviernos fríos con lobos tras la empalizada, metrópolis del vicio, monstruos que no son sino behemoths de eras escondidas, perversiones naturales o demonios de un abismo sin puente, cuchillos en la noche, mercaderes maliciosos, reyezuelos, junglas remotas... Bran Mak Morn, rey de los pictos, expulsa a los invasores romanos con la emboscada en la tormenta, pasea a la luz de las estrellas ante los grandes dólmenes... El Valle del Gusano... Potente, visceral, descarnado, con el olor a la piedra húmeda de un calabozo cubierta de musgo, de la bocanada fétida que emana del agujero en la roca.

Michael Moorcock, experimentos aparte (Jerry Cornelius...ugh!), crea unos Reinos Jóvenes donde el Caos y el Orden se quitan el disfraz ante los hombres, las espadas beben sangre, los demonios canalizan la magia, los planos se cruzan, Ërekose, Hawkmoon, ¡Elric!, el maldito, el impío, el héroe que sirve al Caos y no por eso es un monstruo...

No hay elfos ni Sidhe en decadencia, hay razas o civilizaciones degeneradas y olvidadas hasta por el tiempo; los dragones no lanzan hechizos ni duermen plácidamente sobre su tesoro, cazan en húmedas junglas; el cubil de un hechicero es tétrico, inhumano, como sus artes; no hay un mal que se abata sobre el mundo, ¡el propio mundo es una herida abierta!

Aquí, un artículo interesante sobre el tema: